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Le Corbusier

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Le Corbusier

Charles-Edouard Jeanneret-Gris ha sido uno de los más grandes arquitectos conocidos del siglo XX. Este nombre, sin embargo, no suena mucho o casi nada para la mayoría. De hecho, ha trabajado siempre bajo un seudónimo: Le Corbusier.  Nació en Suiza en 1887, pero naturalizado francés, Le Corbusier en sus primeros años de su formación fue sometido a la influencia de la actividad de su padre: Georges-Edouard Jeanneret-Gris trabajaba como esmaltador de relojes en el pequeño centro suizo donde residía la familia. Le Corbusier, atraído por ese mundo, decidió iniciar estudios artísticos de decorador que le garantizaron un bagaje cultural importante al que siempre recurrió también en su actividad laboral posterior. El empeoramiento de algunos problemas de la vista le convencieron para modificar el curso de sus estudios y centrarse en la arquitectura y en la decoración de muebles; estudió el Cours Supérieur d'Art et Décoration. El primer proyecto propuesto a Le Corbusier fue el de pensar en una idea alternativa para el edificio Union Chrétienne de Jeune Gens: el proyecto impresionó a sus mentores, que le confiaron proyectos cada vez más importantes y de relieve al intuir una predisposición natural hacia este trabajo. Uno de los trabajos más famosos del periodo de estudio de Le Corbusier se remonta a 1905 y es el proyecto de la mansión de Louis Fallet, donde aparecen claras y evidentes las corrientes de estilo de inspiración para el joven arquitecto, que partían del ambiente natural y cuyo exponente destacado era L'Eplattenier. El leitmotiv de sus proyectos en este periodo eran los abetos, reminiscencias de los estudios como decorador de relojes, que se reflejan también en el proyecto para la mansión Fallet, concebida como un abeto estilizado.  Dos años después, Le Corbusier concretizó el proyecto de la mansión de Louis Fallet, que fue la primera obra verdadera en su calidad de arquitecto, aunque ese mismo año empezó también a trabajar en el diseño de muebles y decoraciones, que en los años siguientes le regalaron grandes satisfacciones. Al ser Le Corbusier un estimador del Art Nouveau, sus viajes le llevaron principalmente a Italia y hasta la Europa central, donde pudo ahondar en el estilo gótico y bizantino, llenó sus cuadernos de apuntes e ideas sobre las principales arquitecturas, sobre todo italianas, que le sirvieron de borrador para numerosos de sus trabajos futuros. Como arquitecto fundó su estudio en París en la segunda década del siglo XX. Su actividad despegó con proyectos cada vez más prestigiosos, tales como el Ministerio Central de la Planificación Económica en Moscú pero también sus proyectos urbanísticos merecen una mención especial, como lo es el realizado para la cuidad de Argel, de Barcelona, de Rio de Janeiro o de Estocolmo. Le Corbusier, empujado por sus ganas de expresar sus ideas y el concepto de lo "bello y funcional", se dedicó también al diseño, que consideraba únicamente como un instrumento de funcionalidad útil sin más. ¿Una silla no es más que una silla? Según la idea de lo útil y funcional de Le Corbusier, los elementos de decoración habían de volver a su belleza más depurada, sin ninguna decoración superflua. Fue el primero en ver y diseñar las casas con las medidas perfectas para el hombre, entornos donde vivir, diseñados según la sección áurea que se refiere a las proporciones del cuerpo humano. También por esto los elementos de Le Corbusier siguen siendo actuales, no resultan nunca banales y se integran perfectamente con el estilo moderno: un concepto de funcionalidad ajeno al tiempo que ha revolucionado el modo de hacer y pensar el diseño.